El blog de Mitxel Olabuénaga | Si no “amigos” seamos, simplemente, “animales”.
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Si no “amigos” seamos, simplemente, “animales”.

asdSoy animalista porque soy humanista. Defiendo la vida en todas sus manifestaciones. Defiendo el respeto a la vida por encima de cualquier ideología o creencia. Rechazo el crimen. Rechazo el abuso y la tortura, en cualquiera de sus formas y contra cualquier ser vivo sintiente. Defiendo la ética universal que considera el especismo una falacia ideológica cuyo objetivo no es otro que la especie humana pueda beneficiarse y abusar del resto de especies de manera grotesca, infame e indiscriminada.

Rechazo la violencia en cualquiera de sus manifestaciones. La crueldad significa lo mismo se ejerza contra quien se ejerza. Tengo muy claro que es imposible aspirar a un mundo pacífico entre los humanos mientras los humanos seamos los verdugos inclementes de los seres de otras especies que nos favorecen y nos dedican toda su agónica vida a cambio de sadismo y de una terrible impiedad. Amo a los animales. Son inocentes. Desconocen la noción de maldad. No la tienen. Si matan a otro ser vivo es sólo por miedo o supervivencia. No todos los humanos pueden decir lo mismo.

Soy atea, es decir, pienso. Me repele cualquier superstición ideada para someter la voluntad de Estados, sociedades o personas. Rechazo todo pensamiento mágico y sectario, y toda verdad revelada, es decir, indemostrada e indemostrable, concebidos para someter la libertad de las personas, generar ignorancia y explotar al personal.

El cristianismo ha ido inyectando a la humanidad en vena, durante veintiún siglos, y en ello sigue, la falaz, antinatural y grotesca idea de un creacionismo que es una mentira grotesca que, entre otras muchas cosas, ha convertido al mundo, como bien dijo Arthur Schopenhauer, en un terrible infierno para los animales. Y ello aunque la ciencia haya demostrado que nuestro origen es una evolución natural de las especies, que somos una especie más, y que el ADN de cualquier animal vertebrado es casi exactamente igual al nuestro. Es, por tanto, el cristianismo el gran responsable en Occidente del abuso, del maltrato, del desprecio por parte de los humanos de la vida del resto de las especies. La biblia está, sin ir más lejos, plagada de “sacrificios” de animales para alegrar al dios cristiano. En el mismo principio del Génesis está escrito que Dios creó al hombre para confiarle el dominio sobre los animales. El filósofo colombiano Fernando Vallejo lo expone muy bien en sus libros.

No es nada extraño, por tanto, ni es una arbitrariedad carente de significado, que el actual líder de la organización católica, cuya voz es tenida en cuenta por millones de adeptos en todo el mundo, continúe sembrando con sus palabras ese desprecio a los animales que, repito, el cristianismo siempre ha expandido, alejando al ser humano de la compasión, del respeto a la vida (que ellos concentran en la defensa de los cigotos de las mujeres que deciden interrumpir su embarazo) y de la espiritualidad natural. El actual papa católico decía, el pasado sábado en una arenga en la plaza de San Pedro, elucubrando sobre el concepto de “piedad”: “Hay quien siente compasión por los animales, pero se olvida del vecino hambriento”.

Se trata de un argumento engañoso y falaz que presupone una contraposición semántica en conceptos que no son excluyentes, sino sinónimos. Quien respeta la vida de un animal respetará también la vida de otro ser humano. La sabiduría universal y el propio sentido común aplicado al entendimiento del mundo que nos rodea nos muestran que la espiritualidad o el sentido de la trascendencia no están ligados a ninguna creencia religiosa, a ningún monoteísmo, a ninguna superstición, por muy milenaria que sea, ni a ningún dios creado por los hombres, sino que está enraizada en la humildad de quien quiere entender la vida y fundirse con ella, de quien sabe que la existencia es un todo en el que todos formamos parte en un equilibrio exquisito en el que la unidad y la diversidad coexisten y se superponen, de quien entiende que todo lo que existe tiene derecho a existir, que hasta una pequeña hierba del campo tiene su razón de ser; de quien comprende que todo lo que tiene aliento de vida es sagrado.

Hablaba el jerarca de la Iglesia católica de “piedad”. Pero no explicó cuánta piedad hay en los millones de seres humanos ejecutados y quemados durante muchos siglos por la Inquisición cristiana, ni cuenta cuánta piedad hay  en las miles de ejecuciones en paredones del franquismo, que tanto bendijo la Iglesia, ni en los terribles instrumentos de tortura que la Iglesia ideó, ni cuánta piedad hubo en el nazismo, o en las dictaduras de Videla, Mussolini, Somoza o Pinochet… Ignora, en cualquier caso, algo que es muy básico y fácil de entender a poco que se tengan un mínimo de neuronas en buen estado, que el respeto del hombre hacia los animales es inseparable del respeto de los hombres entre ellos mismos.

Insisto, soy atea, soy humanista y animalista (es, en esencia, lo mismo); tengo, creo, un alto grado de sentido de la moral y de la ética, amo y defiendo a los animales, tanto como a los seres humanos y, además, como decía Saramago, soy una buena persona. Y no creo que haya que hablar de “piedad”, sino de decencia, de razón, de verdad, de corazón, de solidaridad profunda y de verdadera espiritualidad. Ya está bien de seguir expandiendo el absurdo especismo que llena el mundo de ignorancia, de sufrimiento y de crueldad en beneficio de algunos.

Coral Bravo

Tomado de www.elplural.com

 

NOTAS de MITXEL

  1. Hacía un tiempo que no “anotaba” a doña Coral. Seria se nos ha puesto con este Manifiesto o Manifestación de principios de no sé muy bien de qué. Seguramente que La Mesta acarreaba por las cañadas peninsulares menos especímenes que lo insertos en su prolija concatenación de vocablos, conceptos o ripios. No hará comentario alguno sino que me limitaré a subrayar algunas de sus afirmaciones. Haga el lector/a lo que bien le venga en gana.
  2. Soy animalista porque soy humanista: ¿Tanto monta, monta tanto? Defiendo la vida en todas sus manifestaciones: ¿dónde está el inicio y el término? Rechazo el crimen: ¿alguien no lo hace? Rechazo el abuso y la tortura, en cualquiera de sus formas y contra cualquier ser vivo sintiente: ¿Es esto último una nueva clasificación o simplemente la defensa del vegano? Defiendo la ética universal que considera el especismo una falacia ideológica: ¿es más ético el especismo que su contrario?
  3. Amo a los animales. Son inocentes. Desconocen la noción de maldad. No la tienen: ¿Tienen conciencia estas personas no humanas? Soy atea, es decir, pienso. ¿En qué se nota? El cristianismo ha convertido al mundo en un terrible infierno para los animales: ¿No hemos quedado en que no existen animales? ¿No hemos quedado en la inexistencia del infierno? ¿No hemos quedado en la falacia de las religiones? ¿Hay tanto tonto en el mundo? La biblia está plagada de “sacrificios” de animales para alegrar al dios cristiano: ¿alguna religión antigua no lo está? ¿es lo mismo judaísmo que cristianismo? ¿Ha leído los textos con detenimiento?
  4. El cristianismo siempre ha expandido el desprecio a los animales alejando al ser humano de la compasión, del respeto a la vida”: ¿no confundimos igualdad con igualitarismo? ¿Ha vivido, doña Coral, alguna vez en un ámbito rural? La existencia es un todo en el que todos formamos parte en un equilibrio exquisito en el que la unidad y la diversidad coexisten y se superponen: ¿no será preciso un Congreso para poder explicar tal barahúnda de términos? ¿Puedo sugerir sea el título de su próximo libro? Hablaba el jerarca de la Iglesia católica de “piedad”. Pero no explicó cuánta piedad hay en los millones de seres humanos ejecutados y quemados durante muchos siglos por la Inquisición cristiana: ¿No se le ha ido la mano en los “millones”? ¿No se referirá, por casualidad, a las purgas estalinianas?
  5. Insisto, soy atea, soy humanista y animalista (es, en esencia, lo mismo); tengo, creo, un alto grado de sentido de la moral y de la ética, amo y defiendo a los animales, tanto como a los seres humanos y, además, como decía Saramago, soy una buena persona. No me explico que, con tal confesión ante el espejo, no sea usted permanente candidata al Nobel de la Paz, socia honoraria de Greenpeace y presidenta permanente del Club de Habitantes del Universo Conocido y por Conocer (CHUCC). Espero que, por su parte, me tenga el mismo afecto (no aspiro a más) que el que yo le profeso.
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