El blog de Félix Villafranca | Un encuentro en Rémar lleno de emoción y esperanza
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Un encuentro en Rémar lleno de emoción y esperanza

 

Introducción

El domingo, día 9 de Julio, la parroquia de S. Ignacio de Loyola, situada en la humilde barriada de Rémar, en Barakaldo (Vizcaya, España), vivimos una celebración especial, donde se acercaron unos cuantos de los jóvenes que, hace más de 30 años, llenaban los locales parroquiales y animaban la misa familiar cada domingo. Siempre es una alegría reunirse con personas tan especiales, y aprovechando la oportunidad de mi paso por Barakaldo y la coincidencia del nombramiento de Francisco Javier Fernández Chento, como coordinador internacional del equipo de famvin.org, una vez más pudimos compartir la vida y las alegrías, no solo entre nosotros, sino también con los parroquianos.

Fue en esta parroquia donde estos jóvenes vivieron su adolescencia y primera juventud, en búsqueda de su identidad cristiana, que muchos ya habían iniciado en el colegio de los Padres Paúles de Baracaldo. Allí, en 1980, se creó el grupo juvenil denominado Juventud Parroquial Róntegui, inicialmente formado por adolescentes de 14 a 16 años, procedentes, mayoritariamente, de los colegios de Paúles y de María Inmaculada (“las simoninas”). Como la presencia de los jóvenes atrae  a otros jóvenes, el grupo fue creciendo de manera inusitadamente rápida, hasta llegar a números insospechados para la época: unos cincuenta de estos jóvenes participaban casi diariamente en  las reuniones y actividades de la parroquia, pero eran bastantes más los que se dejaban caer por sus locales, ocasionalmente, y se impregnaban del aura inquieta, alegre y creativa de aquellos jóvenes en ciernes.

Calidad humana y sensibilidad evangelizadora del grupo

La vida interna del grupo fue enriqueciéndose con el paso del tiempo. Había en algunos de ellos verdadera inquietud artística y musical. Un pequeño grupo musical, llamado “Aintza” surgió de entre estos jóvenes, que incluso llegaron a dar conciertos y participaron en varios concursos de composición musical religiosa, con carácter nacional, con ocasión de los multifestivales  del David, organizados por el entonces admirado compositor de los jóvenes hispanos, Luis Alfredo. En cuatro de esos multifestivales de verano, el grupo tuvo la ocasión de grabar cuatro canciones en los discos que se publicaban después de cada encuentro, con las canciones premiadas. Con toda seguridad, la vocación de Javier Chento hacia la composición de música religiosa joven, en cuyo campo ha conseguido un reconocido prestigio a lo largo de su vida, con la publicación de diversos CDs y la creación, junto con su amigo Alfredo Arambillet, recientemente fallecido, de la editora Trovador, con el fin específico de estimular la composición y distribución de la música religiosa, en el mundo de habla hispana.

De este grupo de jóvenes surgió también el reto de escenificar, en vivo y en directo, no en off,   Godspell, musical que, en aquellos años, arrasaba en popularidad en el escenario mundial. La puesta en escena de la obra, después de un año de ensayos, y tenidas  en cuenta las limitaciones y carencias de recursos del momento, resultó todo un éxito, de modo que, invitados por otros grupos juveniles, la obra fue representada en treinta y tres ocasiones, en distintos lugares de la geografía española; incluido  Benagalbón, en  Julio de  1.984, ante más de 2.000 jóvenes, que celebraban el encuentro anual de Juventudes Marianas Vicencianas.

Sin embargo, no fueron las calidades artístico musicales lo que más brillaba en aquel grupo excepcional, sino su sensibilidad humana de disponibilidad para cualquier tarea que  se les propusiese, incluidas  las de servicio de catequesis y de evangelización, dentro y fuera de la parroquia.

A la temprana edad de 16-18 años algunos de aquellos jóvenes ya participaban en las acampadas de evangelización rural de la llamada Comunidad del Olivar y en los cursos de inglés del verano, en calidad de monitores o premonitores. Los cursos de inglés de  verano tenían  como finalidad principal, más allá del aprendizaje del idioma inglés, la educación en valores cristianos de la infancia y juventud.

En estos campamentos de inglés en el norte de España  y en las campañas de evangelización rural  en Albacete, fue donde varios miembros del grupo de Remar se iniciaron en un estilo de vida auténticamente vicenciano. De hecho, tres miembros del grupo decidieron hacer la experiencia de acogida de ingreso en los PP. Paúles de la Provincia de Zaragoza. Uno de aquellos tres jóvenes abandonó pronto el proceso; otro, Mikel Sagastagoitia, siguió adelante, se ordenó de sacerdote paúl y es hoy un misionero de cuerpo entero en la misión de Honduras. Javier Chento, por su parte, comprendió, después de un tiempo de reflexión y maduración, que hay muchas maneras  de ser vicenciano y de vivir un estilo de vida  impregnado del más puro carisma vicenciano, dedicado a la evangelización y al servicio desinteresado de los pobres. Tan pronto como abandonó la etapa de acogida de Zaragoza, se reincorporó a las tareas de evangelización, a través de la Asociación Feyda, entonces en proceso de constitución, y del equipo de misiones populares de la Provincia de Zaragoza, que comenzaba  nueva andadura

Y Celebramos una fiesta de acción de gracias y de proyección misionera

La parroquia de San Ignacio de Rémar fue, el 9 de julio, el lugar idóneo para compartir muchos recuerdos y vivencias. Miembros del antiguo grupo de Juventud Parroquial Róntegui y la parroquia entera se unió a la fiesta. A todos ellos se les invitó a participar en la misa del domingo 9  de Julio, coincidiendo con mi  presencia vacacional en Baracaldo; tuvimos la inmensa suerte de que el padre Mikel Sagastagoitia (misionero en Honduras, que salió de esta parroquia y de sus grupos juveniles) estuviese aquí de vacaciones, y también la alegría de que nos acompañase el recién ordenado diácono paúl, Ivan Juarros, que, en Septiembre, partirá a nuestra misión de Honduras para  ejercer allí su ministerio diaconal y sacerdotal.

El pequeño templo-bajera de San Ignacio estaba casi a rebosar, como en sus buenos tiempos. Cierto que sus caras habían envejecido, y sobresalían en ellas marcadas arrugas, pero la expresión  de sus rostros era de satisfacción, de alegría, de plenitud, de juventud acumulada, al ver a aquellos jóvenes de otrora escalando puestos  de responsabilidad en la sociedad y en la Iglesia. Faltaban, eso sí, los niños que en otros tiempos llenaban de risas y alegres cantos las misas y celebraciones solemnes de su parroquia. Pero, en compensación, había algunas caras nuevas, incluso de otras tierras. También los antiguos miembros del grupo juvenil estaban bien representados, si no en número, por las circunstancias de las vacaciones de verano, sí por la calidad de sus representantes. No faltó la asistencia virtual de los que, con pena, se disculparon de no poder asistir.

La homilía fue compartida, a cuatro bandas: celebrante, Mikel, Iván y Javi. No podíamos desperdiciar la ocasión de evocar tantas ilusiones y esperanzas vivas de nuestros añiles tiempos de juventud. El recuerdo de aquel tiempo dorado, que bien podíamos llamar la década prodigiosa de la pastoral juvenil de la parroquia, la década de los 80, no tenía que ser un recuerdo frustrante y estéril, sino el trampolín para una nueva etapa de juventud renovada. Había que levantar el ánimo y decirles, sin miedos, que  pueden  volver a florecer las marchitas flores del otoño, en forma de nuevas inquietudes por la evangelización y colaboración misionera en Honduras; que allí estaban nuestros misioneros para estimularnos.

¿Por qué no soñar que, aparte de la oración por las misiones, siempre recomendable, existen otras formas de colaboración misionera? Entre ellas, una de las más destacables es  la de las becas de estudio para niños y jóvenes sin recursos. No se trata de elevadas contribuciones globales, sino de pequeñas cantidades, al alcance de todos. Lo que importa no es la cantidad global, sino la generosidad del corazón, como en el caso de la pobre viuda del evangelio. Eso, y que haya alguien que ayude al párroco a hacer efectivos los pagos, en un tiempo apropiado, como podía ser el de Navidad.

Mikel, en sus sencillas palabras, resaltó la gran labor evangelizadora que los Paúles están realizando en la misión y confirmó la importancia que tiene la colaboración misionera a través de las becas de estudio. Ivan expresó la alegría que sentía de  poder unirse al equipo misionero de PP. Paúles de Honduras, recién estrenado su ministerio diaconal. Finalmente, Javier nos contó cuáles eran sus nuevas responsabilidades en la coordinación de un equipo internacional de la Familia Vicenciana, que se dedica en todo el mundo a formar e informar a todos los seguidores de san Vicente de Paúl, en seis idiomas: inglés, español, francés, italiano, portugués y polaco.

Y de la misa se pasó a la mesa, un piscolabis suculento, en los salones de la parroquia, organizado por la Asociación Feyda, como siempre se ha hecho en las buenas celebraciones. Alegres por el encuentro y por las bendiciones que Dios ha ido poniendo en todos aquellos jóvenes, hoy adultos que asumen con responsabilidad sus funciones en la sociedad y en la iglesia, continuamos durante varias horas más compartiendo el gozo del encuentro, y planeando otro futuro donde aún nos juntemos más número.

A todos y cada uno de vosotros: Ad multos annos, que vuestro ímpetu dure por siempre.

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