El blog de Félix Villafranca | Evocaciones al atardecer XXI: Parroquia de San Ignacio (Rémar, Baracaldo), Juventud parroquial Róntegui (quinta parte)
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Evocaciones al atardecer XXI: Parroquia de San Ignacio (Rémar, Baracaldo), Juventud parroquial Róntegui (quinta parte)

5.- La aventura de Godspell.

Presentación de la obra

La primera versión de Godspell se estrenó en Broadway (Nueva York), en Febrero del 71. Y con rapidez inusitada se había extendido por los mejores teatros del mundo, interpretada por noveles, improvisados actores y por artistas consumados. En España se estrenó, con retraso, en Madrid, en el 74. Tuve la suerte o privilegio de verla en el original, en el 72, durante mi estancia en Londres. Quedé contagiado del entusiasmo popular y comentarios elogiosos de la prensa de Londres. Y eso, a pesar de algunos aspectos negativos que la prensa más tradicional le achacaba: la ausencia de los elementos sobrenaturales, entre los que destacaba la eliminación escénica de la Resurrección de Cristo. Esta laguna impregnaba la obra de un subconsciente sentimiento de frustración, ya que el héroe excepcional que intentaban presentar, Jesús de Nazaret, que había hecho concebir tantas esperanzas, acababa como los demás hombres, en el sepulcro. A mi entender la obra no pretendía hacer un relato completo del evangelio, sino de presentar la figura de Jesús en una visión nueva, creativa, incluso folklórica, al estilo hippie, que era lo que iba en los nuevos tiempos.

La otra gran originalidad de la obra es que se prestaba a ser representada en los más variados escenarios: campos de deportes, aulas, espacios abiertos o cerrados de cualquier tipo. El lenguaje era fresco, desenfadado, naíf, infantiloide; pero, además, asequible para todo el mundo, pequeños y mayores, de cualquier cultura y tradición. También la vestimenta era foco de atención: colores llamativos, tirando al rojo, preferentemente, al más puro gusto hippie de la época. El contenido, la escenificación misma de la obra, están concebidos, incluso, para dejar espacios abiertos a la improvisación creativa de los artistas de turno.

Por encima de todo hay que destacar que la obra está inspirada en las parábolas de Jesús, tal como aparecen en el evangelio de San Mateo. El título hace una expresa declaración de intenciones: la palabra Godspell es una contracción del inglés americano compuesta de dos palabras, Gospel, evangelio, y God spell, cuya traducción libre puede significar la llamada de Dios. El libreto original fue escrito por un estudiante universitario, no muy buen estudiante, por cierto, antes de conseguir su título, con solo 21 años. Su nombre es Jhon Michael Tebelak y el compositor de las primeras canciones originales, un antiguo compañero de estudios, que se llamaba Stephen Schwartz. A la sazón, ambos eran completamente desconocidos. Su obra pronto les hizo subir al estrellato. Tanto la letra como la primera versión de las canciones originales sufrieron significativos cambios, nacidos de la necesaria adaptación a públicos y escenarios distintos, incluida la versión cinematográfica que no se hizo esperar mucho tiempo. Afortunadamente, estos cambios siempre se atuvieron a la más estricta fidelidad al mensaje primero de las parábolas de Jesus, contadas con estilo desenfadado, palpitante de vida. Algunas de sus canciones alcanzaron los primeros puestos de la clasificación mundial durante largo tiempo. Quizá la más popular y la más conocida durante años fue “Day by day”, tarareada en los círculos juveniles de todo el mundo, durante largo tiempo.

En el año 74, cuando comenzó a popularizarse la obra en España las canciones, en español, fueron alcanzando cierta estabilidad. Los títulos más frecuentes de estas canciones eran los siguientes:

  1. Preparad el camino al Señor.
  2. Ven a salvar a tu pueblo.
  3. Todos los dones.
  4. Eres del mundo la luz.
  5. Bendiga a Dios mi alma.
  6. Te daré.
  7. Aprende la lección
  8. Si un día ves.
  9. A dónde vas.
  10. Entre los sauces.
  11. Oh Dios, tú mueres.
  12. Padre, escucha.

La chispa que encendió la llama

Con estos elementos y con este contenido, no es sorprendente que Godspell llamase la atención de aquel grupo inquieto de Remar. La ilusión y la búsqueda son creativas por exigencia psicológica natural. Y aquel grupo excepcional era inquieto, buscador de nuevas experiencias y consciente de sus capacidades. Por aquel entonces ya se hablaba abiertamente, y con entusiasmo, en nuestra sociedad española de ese musical que hacia furor no sólo en el mundo anglosajón, sino en los grandes escenarios del mundo mundial.

Un buen día, creo que fue así la cosa, el recién descubierto compositor del grupo, Francisco Javier Fernández Chento, les cantó alguna de esas canciones, se atrevió a decir que quizá se podía intentar hacer algo con la obra, como grupo; algunos, tal vez, pensaron que bromeaba; otros, sin embargo, le apoyaron, como suele suceder en cualquier tertulia de amigos que proponen, al azar, sus ideas. Y día tras día el ronroneo sonaba más fuerte en el grupo. ¿Por qué no vamos a poder representarla nosotros?, se atrevió a susurrar, tímidamente, alguna buena otra cantora del grupo. Tenemos unos cuantos en el grupo que cantan estupendamente, añadió alguien; algunas tocan el piano; otros son unos manitas para cosas técnicas de electricidad; hay quienes son expertos en audiovisuales…

El reto se hacía cada día más apremiante. Analizados todos los elementos y, vistas las dificultades prácticas, casi insalvables, que presentaba el proyecto, se llega a una situación de impase que hay que solventar. Y es aquí precisamente donde se tocan las dos actitudes fundamentales en la vida de las personas: el miedo, el pesimismo, la timidez, por una parte; y la audacia y valentía por otra.

Solo los que son conscientes de su valía, los que confían en sí mismos, en un ejercicio de autoestima estimulante, son capaces de cruzar el Rubicón y dar el paso hacia adelante.

A mi modo de ver, ahora, en la distancia, fueron precisamente todo este conjunto de circunstancias, a saber, el atractivo de la obra en sí misma, el estímulo a la creatividad, el diálogo en el interior del grupo, y la misma dificultad práctica que presentaba el proyecto, lo que prendió la chispa que encendió la llama.

Y lo imposible se hizo realidad, aventura gratificante.

La puesta en escena

Surgen, con naturalidad, las primeras preguntas que exigen respuesta inmediata: ¿Cómo representar la obra, en off, con música y texto empastados, o al vivo? ¿Cómo podemos repartir las distintas funciones o responsabilidades en el grupo? ¿Quién se ofrece para asumir los distintos papeles de la obra? ¿Cómo podemos adquirir los enseres que necesitamos? Y así, un largo etc. de preguntas que sería demasiado prolijo enumerar.

Desde el principio se dejaron claras algunas cuestiones fundamentales: la obra se representaría al vivo; los actores saldrían todos del grupo; Javi Chento se encargaría de la parte musical; Andoni Gonzalez, de la escenografía y corografía… Las demás cuestiones se irían resolviendo, a medida que fueran apareciendo. Con este bagaje al desnudo, el grupo se constituyó como una colmena: ensayo tras ensayo, en solitario y en pequeño grupo; algunos ensayos más generales… A medida que surgían las dificultades prácticas, crecía la determinación y el compromiso: creo que aquellos ensayos y encuentros frecuentes contribuyeron, en gran medida, a la consolidación del grupo, a fusionarse como una pequeña comunidad viva de trabajo.

Se acercaba la hora cero: todavía no se habían resuelto problemas serios importantes, que exigían inversiones de dinero del que no disponíamos. Se pensaba, como alternativa, en buscar algún mecenas que nos avalase préstamos a indemnizar, poco a poco, con la representación la obra. Eso sí, en el subconsciente, todos pensaban que la obra, a largo plazo, podría autofinanciarse. Cuando uno está empeñado en algo importante, la imaginación y el atrevimiento no tienen límites.

Poco a poco, con paciencia y tesón fueron resolviéndose problemas no pequeños: megafonía, iluminación o luminotecnia, vestimenta, instrumentos de percusión… Pero, ¿y el piano?: ¿cómo y dónde conseguir un piano? Quizá les permitiesen trasladar alguno de los pianos de los colegios donde estudiaban. Esta idea iluminó sus ojos, en primera instancia, pero se desechó rápidamente, porque pareció inviable trasladar un piano a cada lugar de la representación.

Y nos fuimos, (yo acompañé a algunos), a la mejor tienda de pianos portátiles de Deusto (Bilbao). Y preguntamos precios por los más baratillos; y posibilidad de pago a pequeños largos plazos… Pero, quien se iba a fiar de unos jovenzuelos con caras de quinceañeros… Yo procuré estar de incógnito para no dar imaginarias expectativas.

Pero, sucedió el milagro. De pronto, un apuesto gentilhombre, que nos había estado escuchando, se nos acerca y nos pregunta para cuando necesitábamos el piano. El interés manifiesto en su cara de amigo hizo brillar la primera sonrisa en el rostro asustado de aquellos sorprendidos jovenzuelos. Aclaradas las pertinentes cuestiones, el desconocido amigo nos certificó que el día propuesto tendríamos el piano en la dirección que nuestros interlocutores le habían facilitado.

Aquel desconocido joven resultó ser Carlos, el pianista del grupo Mocedades, cuyas melodías eran ya las delicias de los más refinados oídos, de Euskadi y de España entera. Lo que sigue no nos lo contó él, pero, supimos más tarde, de buena tinta, que el tal grupo había empezado su andadura en la Iglesia de Santa María de Guecho. Amor con amor se paga. Así, con esta ayuda del cielo, el grupo Juventud Parroquial Róntegui pudo estrenar su Godspell el día 19 de Mayo de 1984, en el teatro del colegio Larrea de Baracaldo, donde obtuvieron su primer clamoroso éxito, entre la bulliciosa multitud que abarrotaba la sala.

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